miércoles, 31 de diciembre de 2008

Calmantes para los sin-sabores


Le robe al tiempo los años de mi vida. Tan frágil quedo el músculo que bombea mi sangre que le llamé “ El mírame y no me toques “

A menudo repito que tú no eres para mí. Y cuando cojo esta balanza que engorda al pasado me engaño sin querer y queriendo te engaño.

Cuando te vi por primera vez acabaste la noche entre mi colchón y mi tripa, y de esta misma, hice razones para olvidarte el día que dijiste que te marchabas.

Desde entonces sólo recuerdo los botones mal abrochados de pantalones que no eran los tuyos.
Y ahora, en tiempos de resacas, bebo agua para apaliar la cirrosis de mis dedos al escribir.
Aprendí a no dormir con mezcla excesiva de whisky, Profac Y ron.

De vuelta a la realidad tus pocas verdades no me hacen daño. Tu mal poniente dice que te insultan los años, tu cara de niño -bueno-pero mucho de malo- se ajusta al prototipo de hombre que uso pero no engaño…

Llámame necia, testaruda y mal educada, pero tus lágrimas me las pasó yo hoy por el desdobladillo de mis bragas.



“Quien no llora no mama, y tu has mamado tanto….”

domingo, 28 de diciembre de 2008

Nunca te elijo aunque te persigo...


Hoy, cuando tus oídos congelen las nubes de este silencio, promete no acordarte de mí.
Y en el tiempo, en el olvido…no caigas nunca en la duda de si hiciste mal o bien aquella tarde.
El eco de tu voz al otro lado del teléfono no perdona.

Ahora, días de equívocos acertantes, caigo en la razón de que no daña quien quiere sino quien puede.
Aquí frontera de sueños rotos, princesas locas y faldas malsubidas en una cama de sin-motivos, quiero que sepas que me quedé sin saber como se hacia eso de vivir…

El grado de decepción cada vez es más alto, y hoy el mundo no esta preparado para dar la talla. Hoy, ninguno, podríamos darlo todo a una sola persona.

No recuerdo tu voz, tan sólo escucho susurros de tu risa desquiciante. Se me olvido a que olía tu ropa, y de que color eran por la mañana tus ojos…
No sé en que momento exactamente te dejé de hacer feliz, ni el día que dijiste la última vez nos vemos.
No recuerdo tus manos, ni tus brazos, ni la talla de tus pies,ni de tu postura al dormir, ni a que hora te entraba el sueño.
No recuerdo tu nombre, ni en que momento me olvide de ti.

No se si alguna vez te quise o si sólo me entra la prisa por despedirme de ti…

Suspiros de infarto, historias contadas a carrera, experiencias cortas y lágrimas a cuenta-gotas.

El precio de los errores se paga móneda a móneda.